Liberando las semillas: los guardianes de la biodiversidad en Chile

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Por Michela Giovannini

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Las semillas no tienen nombre o nacionalidad. Son el legado que nos han dejado las comunidades indígenas, campesinos y agricultores, el producto de un largo proceso de “domesticación” y co-evolución, a través de miles de años, desde el inicio de las prácticas agrícolas. Ellas son parte de nuestra historia, de nuestra memoria, la base de la seguridad y la soberanía alimentaria, y deben ser libres”. Así reza el manifiesto de la “Red de Semillas Libres”, la red chilena de personas que resguardan y dinamizan semillas libres de químicos, modificación genética y propiedad intelectual, que, junto con docenas de redes homólogas de América Latina, se esfuerza por preservar y promover el intercambio de semillas para asegurar su supervivencia y preservar la biodiversidad. La red está abierta a cualquier persona que quiera contribuir a la defensa, protección y difusión de las semillas nativas, junto con la protección y el rescate de la identidad ancestral de los pueblos latinoamericanos.

El pueblo Mapuche, que aún vive en el sur de Argentina y Chile, es la inspiración para el Trafkintu, una ceremonia ancestral realizada para el intercambio de bienes (materiales e inmateriales), que todavía se utiliza para intercambiar semillas. En el pasado, una comunidad por lo general envía un mensajero a los otros, para invitarla a hacer un trueque. El puente que se forma entre comunidades permite un intercambio tanto económico como social y cultural, consolidando las relaciones. Esto fue enriqueciendo a las personas, incluso en ausencia de dinero, a través de mercancías procedentes del exterior y el intercambio cultural.

Este tipo de ceremonia está todavía en uso para el intercambio de semillas y plantas, la Red se ha encargado también de revitalizarla, al punto que ya no es prerrogativa exclusiva de los pueblos indígenas. Ahora el trueque se puede hacer en cualquier momento, cuando haya una necesidad de intercambiar semillas y plantas y conocimientos ancestrales se concreta en una práctica que antes solía ser cotidiana, en una participación directa de las personas afectadas. Esto no es un mero intercambio de semillas, la reunión está, de hecho, acompañada de ceremonias y eventos sociales, en los que el conocimiento adquiere nueva importancia para cada semilla: el lugar de origen, los sistemas de atención de la salud de los métodos de Fito mejoramiento de las semillas, etc. Las semillas para el intercambio son también “limpias”, es decir, libres de productos químicos, la modificación genética y las patentes comerciales (o derechos de propiedad intelectual).

Las personas que guardan las semillas son llamados “guardianes” o “conservadores” de semillas y son depositarios de un conocimiento único, transmitido de generación en generación. Conservan especies de plantas que de otra manera se perderían irreversiblemente. Esto es aún más significativo si tenemos en cuenta que, según las estimaciones de la  FAO, entre 1900 y 2000 perdió – por lo menos – el 75 por ciento de la diversidad de cultivos. La mayoría de los agricultores de todo el mundo, de hecho, prefieren moverse con variedades de cultivos genéticamente uniformes, de alto rendimiento, lo que ha producido el abandono de muchas de las variedades locales. La biodiversidad está irremediablemente comprometida, lo que resulta en un impacto no sólo en la pérdida de la diversidad biológica y cultural, sino también en una disminución de la calidad nutricional de los alimentos que se derivan de la pauperización de las variedades disponibles.

Es muy importante, también, considerar el papel de las multinacionales en la pérdida de la biodiversidad: según un estudio patrocinado por Vía Campesina, elaborado por Grain, sólo tres empresas – Monsanto, DuPont Pioneer y Syngenta – controlan más de la mitad del mercado mundial de semillas.

Son el corazón de la Red los guardianes y custodios de semillas que rescatan, conservan, producen, multiplican, defienden y comparten una o más semillas nativas, y poseen los conocimientos asociados a cada semilla, sobre los métodos de cría y cultivo. A ellos se unen “amantes de semillas” simples personas de diferentes orígenes que han tomado conciencia de la importancia de este tipo de trabajo de cuidado y protección de las especies. La Red opera a través de un círculo de acuerdo que se reúne anualmente y que está interconectado a través de nodos dispersos en la Tierra. Está constantemente organizando una serie de actividades educativas y de formación, así como la conciencia sobre la importancia de la biodiversidad y la soberanía alimentaria.

En Chile, muchos de los asociados a la red han creado recientemente una cooperativa (septiembre de 2014) ésta se llama Semilla Austral y tiene su sede en Valdivia, pero sus miembros están presentes en varios otros lugares del país (6 regiones en la actualidad). Entre los objetivos de la cooperativa están: apoyar financieramente las actividades de la red; prestar servicios educativos; capacitaciones; la venta de semillas, plantas, calendarios, manuales; entre otros. También tiene como objetivo consolidar la formación y educación dirigidas tanto a los miembros de la red, como a la comunidad en general. Uno de los objetivos a largo plazo de la cooperativa y la red es la creación y fortalecimiento de los bancos vivos de semillas, reservorios in situ de biodiversidad agrícola, donde las semillas se mantienen en constante reproducción; estos semilleros que albergan germoplasma, tradición, memoria y sabiduría, son capaces de asegurar la conservación de la biodiversidad para las generaciones futuras.

Miembros de la Red creen que la solución a la crisis climática provendrá de los guardianes de las semillas, aquellos que son pequeños agricultores y productores que defienden esta increíble riqueza. Reafirmando y apoyándose también en lo ya denunciado por Vía Campesina: el sistema industrial de producción de alimentos es responsable de la emisión de al menos la mitad de los gases de efecto invernadero en el mundo. Y “Este es el mensaje que se llevará a la Conferencia sobre el Clima”, que se celebrará en París en diciembre de este año.

 

 

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